Autor: Sebastián Aguirre Eastman (Yahoo Finance)
La región latinoamericana acude como algo más que una simple espectadora al combate comercial que libran por estos días las dos economías más poderosas del planeta, Estados Unidos y China, las cuales se han correspondido la imposición de aranceles a algunos de sus principales productos que hacen parte del intercambio comercial que en 2016 sumó en conjunto 500 billones de dólares, citando cifras del Observatorio de Complejidad Económica.
Podría pensarse que este es un tema bilateral que deberían resolver ambos países, pero las consecuencias del choque ya se sintieron el lunes 2 de abril en la región.
Luego de la decisión del gobierno chino de imponer aranceles de entre el 15% y el 25% a 128 productos estadounidenses -como respuesta a la medida tomada hace algunas semanas por el presidente Donald J. Trump de gravar con aranceles del 25% las importaciones de acero y 15% las del aluminio-, el impacto se sintió en las bolsas latinoamericanas, con retrocesos en los índices de Sao Paulo, Ciudad de México y Santiago, aunque las de Bogotá, Lima y Montevideo registraron mejores síntomas.
Entre el martes 3 y este miércoles 4 de abril se vivió otro capítulo, primero con el anuncio de la Oficina del Representante de Comercio Exterior de Estados Unidos (USTR) de diseñar una lista de 1,300 productos chinos a los que planea imponer aranceles por valores superiores a los 50,000 millones de dólares, en respuesta a las prácticas comerciales “desleales” de China, que no demoró en contestar, aprobando una lista de gravámenes similares a importaciones estadounidenses claves como soja, aviones, coches, carne y productos químicos.
El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, el colombiano Luis Alberto Moreno, dijo en rueda de prensa, al término de la asamblea anual de la entidad en Mendoza, Argentina, que “en esta región del mundo, sobre todo los países más pequeños, necesitan crecer sus economías por la vía del comercio exterior”, refiriéndose a las heridas que la tensión entre China y EE.UU. pueda ocasionar en Latinoamérica.
Estados Unidos ha sido, por naturaleza, el principal socio comercial en la historia de Latinoamérica, siendo el destinatario del 46% de las exportaciones conjuntas de la región entre 2012 y 2016 (Banco Mundial), seguido por China con el 9%. En cuanto a las importaciones, Estados Unidos ocupó el primer lugar en ese listado con el 32,71% y China lo secundó con el 18%. Estas cifras dan cuenta del peso que tienen ambas economías en el comercio latinoamericano.
¿Cuáles son las oportunidades y cuáles las amenazas que podrían pescar los países latinoamericanos en esta tensión comercial?.
Las oportunidades
Catherine Pereira es directora del programa de Administración de Negocios Internacionales de la Universidad de la Sabana, en Bogotá. Ella cree que la actual crisis entre las potencias puede ser una buena oportunidad para los países latinoamericanos de reforzar sus lazos comerciales con China, dadas las políticas restrictivas que ha querido imponer Trump en EE.UU.
“En el mediano plazo los latinoamericanos se tienen que dar cuenta que China es un mejor socio, ya que tienen una postura más abierta que Trump. Es un gran comprador de materias primas y nosotros somos grandes vendedores”, sostiene la académica.
Para Pereira, no es claro hasta dónde pueda llegar esta tensión comercial -considera que el término “guerra” es más vendedor de titulares-, y qué tan temporales serán las medidas que ambos países han tomado, pero dado lo impredecible que es el mandatario estadounidense (o predecible si se toman como literales sus palabras en campaña), todo puede suceder. Pese a ello, cree que son demasiados productos los que intercambian China y Estados Unidos como para pensar que esta “guerra” los cobije a todos.
La directora del programa cierra su concepto asegurando que los latinoamericanos deben solidificar sus alianzas con el Pacífico, más cuando Estados Unidos ha decidido retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. “China querrá mantener esa relación, como una oportunidad de tener mayor injerencia en la zona”.
Las amenazas
Una opinión distinta a la de Catherine Pereira expresa el economista Luis Felipe Jaramillo de los Ríos, jefe del Programa de Negocios Internacionales de la Universidad de Medellín, quien ve pocas oportunidades en este choque, y por el contrario los latinoamericanos resultarán muy perjudicados, todo por las decisiones restrictivas de Trump.
Quizá hoy se estén salvando México, Brasil y Argentina, que fueron eximidos de los aranceles a las importaciones del acero y el aluminio.
“Para países como Colombia, Ecuador, Perú, es imposible mantenerse al margen de esta guerra, y tomar partido por uno u otro es muy complicado, ya que no poseen músculo financiero ni poder negociador para eventualmente tomar medidas retaliadorias. El camino, entonces, es asociarse entre sí y buscar otros mercados”, afirma.
De hecho, Reuters informó que Ecuador aplicará una estrategia global para mejorar las condiciones de su abultada deuda externa, que incluirá una negociación bilateral con China, basada en un diálogo y de común acuerdo con sus acreedores.
Una alternativa, concluye Jaramillo, sería que los países que se han visto afectados con las restricciones busquen socios en los territorios que fueron exentos de dichas medidas, en una triangulación mediante la cual pueden llegar al mercado estadounidense de forma indirecta.
¿En que terminará esta tensión?. Nuestros países miran con expectativa.